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 Cada día, un delivery va a parar al BSE tras sufrir accidente

Un delivery por día, en promedio, ingresa al Banco de Seguros del Estado (BSE) por daños provocados por accidentes de tránsito. Muchos no reciben el alta hasta después de seis meses; la mitad tiene menos de 30 años. “En esa corrida por mejorar el salario se están exponiendo a lesiones graves”, dijo la médica laboral Sylvia Perazza del Servicio de Salud Ocupacional.

El delivery es quien hace posible que la pizza llegue caliente al cliente y que el repuesto llegue a tiempo para reparar un motor. “Es el intermediario para que la empresa mantenga el cliente”, analizó Perazza.

Sin embargo, el tránsito, el clima, agresiones de parte de personas y de animales, la posible informalidad del empleo, la falta de elementos de seguridad y las propias imprudencias del conductor forman el cóctel del riesgo cotidiano al que se enfrenta el trabajador.

En 2012, el BSE atendió 54 mil accidentes laborales. Pero un estudio reciente realizado por el Servicio de Salud Ocupacional al que accedió El Observador solo comprende a los 31.800 casos atendidos en Montevideo. De estos, el 3,1% se correspondió a siniestros de tránsito (986 casos). Ésta es la primera causa de muerte de origen laboral en Uruguay.

Al menos cuatro de cada 10 conductores accidentados circulaban en moto, puesto que en muchos registros no se dejó constancia del vehículo. Perazza determinó que la siniestralidad de este grupo “no es tan alta en el contexto general” pero es una “tendencia en aumento”; además, los trabajadores presentan lesiones severas: desde amputaciones hasta hemiplejias. “Su percepción del riesgo es baja. La vulnerabilidad es grande”, dijo.

Muchos repartidores ingresan al BSE sin haber estado usando un casco. “Es habitual la falta de equipos de protección personal. No todas las empresas controlan las condiciones de la moto, o si tiene casco certificado, o usa bandas reflectivas”, agregó.

Muchos otros llegan sin seguro. El 12% de los internados en el período no contaba con ese respaldo, a pesar de que la norma obliga al empleador a contratar un seguro con cobertura de accidente de trabajo y enfermedades profesionales. “Muchos no tienen un lugar de descanso. Están muy expuestos a la soledad. Trabajan muy solos; sin muchos controles”, reflexionó Perazza.

Los datos recabados en 2013 y en el primer trimestre de 2014 fueron muy similares a los de 2012. “No es fácil lograr cambios de conductas”, señaló la especialista.

Historia de jóvenes

El estudio comprendió 359 repartidores: casi uno por día. La mitad correspondió a menores de 29 años. Esto se debe a que es frecuente asumir la tarea de delivery como una primera experiencia laboral. Aunque solo hubo un mayor de 65 años accidentado, la técnica prevencionista Carina Bonomi explicó que “muchos veteranos” se suben a la moto “para hacerse un extra”.

Se podría pensar que la noche y, en particular, la hora de la cena, contribuyen a la siniestralidad de los deliveries pero es caer en un error. Lo mismo con los días de la semana. Según los datos proporcionados por el BSE, a la mayoría de los lastimados se los asiste entre la hora 12 y las 16 (130 de 359 casos). Esto se debe a que los mensajeros y repartidores de casas de repuestos y farmacias −trabajadores que tienden a ser más formales que quienes circulan por la noche− están en plena actividad en un momento de gran desorden en el tránsito. “Al mediodía hay mayor exposición al riesgo”, afirmó Perazza. También hay más ingresos de lunes a viernes.

La noche ni siquiera aparece en segundo lugar. Entre las 20 y la medianoche acudieron 44 casos, prácticamente la mitad de lo registrado entre la hora 8 y las 12.

Amputaciones y hemiplejias

La gravedad de las lesiones sufridas por los deliveries les obliga a recibir una atención médica prolongada. Si bien la mayoría recibe el alta antes de los 30 días de internación (232 casos), e incluso el 33% de ese grupo resuelve su enfermedad (principalmente por fracturas de miembros) en la primera semana, el promedio de asistencia es de 48,5 días. Esto es más del doble del promedio de asistencia para cualquier otro trabajador que ingresa a la Central de Servicios Médicos del BSE. En el período estudiado hubo 31 repartidores que requirieron más de 181 días de internación.

Solo cuatro de los 359 trabajadores requirieron asistencia en CTI. Puede parecer poco pero el siguiente dato proporcionado por los profesionales del Servicio de Salud Ocupacional da otra cara: la tasa de ingreso al CTI para estos trabajadores es de 11 cada 1.000; para todos los pacientes del BSE es de 2,4 cada 1.000.

“Los traumatismos graves son los de cráneo y los raquimedulares (de las diferentes estructuras de la columna vertebral) y llevan dos meses de CTI. La cama de CTI cuesta US$ 1.000 y después quedan con internación. Es una población joven que queda con una incapacidad permanente, con una limitación importantísima de su vida personal y laboral”, expresó Perazza. La experta recordó un paciente que quedó con una cuadriplejia.

En 2012, 22 trabajadores murieron por siniestros de tránsito; pero solo dos circulaban en moto. La mortalidad de este grupo fue de 2,78 por 1.000; la general del BSE es de uno por 1.000. Por cada fallecido se calculan 6.000 días perdidos. El equipo no pudo establecer una tasa de mortalidad para todo el sector de cadetería porque se desconoce cuántas personas se dedican a esa actividad.